10 de marzo de 2007
Era la primera vez que estaba en el continente Africano, llegamos temprano y allí nos esperaba en el salón, donde todas las noches dábamos rienda suelta a nuestras juergas, las autoridades portuarias tunecinas para comprobar que llevábamos el pasaporte en regla.
Tras el visado y salir del barco, íbamos a ir en Taxi y ya allí nos dimos cuenta de que no estábamos en un país Europeo, estaba el problema de que claro íbamos a ir mas chicas que chicos y era necesario que fuera al menos un chico por taxi (mi opinión al respecto me la reservo ya que no me apetece que declaren una Yihad contra la blogosfera), pero por suerte íbamos 5 chicos y 16 chicas así que nos metimos en 5 taxis (uno tuvo que ir con 5 viajeros, sin contar al taxista, claro) para ir al Zoco de la ciudad ya que la visita la habíamos enfocado a conocer esa zona en concreto y hacer una compras al estilo árabe.
En el camino desde el puerto a la ciudad de Túnez (el barco no atracó en la ciudad sino en La Goulette, el puerto de la misma, un poco más retirado), me llamó mucho la atención el golfo, contrastaba la tranquilidad de sus aguas con lo bravas que se habían puesto las aguas del Mediterráneo. Nuestro taxista se llamaba Abdul (creo) y nunca se dirigía directamente a las chicas que iban conmigo sino que tenía que hacer yo las preguntas por ellas, yo, en calidad macho dominante de la manada :D (que cosas).
Al llegar a la ciudad me di cuenta de que ayer fui un poco duro con la forma de conducir de los napolitanos… joder como van los tunecinos, ¿para qué leches necesitan semáforos cuando con un claxon bien calibrado pueden ponerse de acuerdo? Están todo el santo día pitando, en el momento que el semáforo se ponía en verde ya empezaban a pitar, en eso si se parecían un poco a los españoles, sobre todo a los de Jaén, quien sabe lo mismo es una costumbre andalusí que nos han legado.
Una vez llegados al zoco, sanos y salvos de milagro, descubrimos que en los comercios musulmanes el P.V.P. no lo conocen y los precios de todos los artículos se regatean, repito, TODOS. Lo más curioso fue que cuando fui a comprar la última postal del viaje me pedían 1€ por ella y hasta eso tuve que regatear hasta dejarlo en la mitad acto seguido empecé a escribir, lo más difícil fue conseguir el sello pero eso lo cuento más adelante.
La fama de tacaños de los catalanes no tiene fronteras, cuando regateabas mucho nos decían que si éramos catalanes. Y es que esa noche en el crucero era la noche árabe y debíamos de ir al estilo moruno, así que fuimos a buscar túnicas y chilabas para todos y nos las logramos agenciar por un buen precio tras mucho regatear (de ahí que nos dijeran catalanes), a mi amigo que habla en italiano le dijeron que era un mafioso (todo esto en un ambiente muy cordial, que no haya malentendidos). Lo que agobiaban eran los que se te acercaban con collares o con cosas así de estrangis y te las vendían como gangas, uno ya llegaba y decía en un perfecto árabe (es mentira pero bueno) “Aunque me lo regales lo quiero” y dejaban a uno en paz, por el momento.
¿Os acordáis que antes hablé de lo revuelto que estaba el mar? Y es que al zarpar de Nápoles salimos a mar abierto y estaban las aguas un poco cabronas y el barco se movía un poco (bastante) lo cual hizo que anduviéramos un poco groggy por el barco y se produjera un efecto curioso al llegar a tierra que se conoce como “mareo de tierra” por el cual, el cuerpo acostumbrado a los vaivenes de un barco, por pequeños que sean (en este ultimo día no tanto), cuando llega tierra firme y sobre todo en lugares estrechos (como el zoco) siente todavía los efectos y provoca en los pobres viajeros la sensación de que el suelo se mueve y todo da vueltas (no, no tomamos nada extraño en el zoco), yo lo noté en ocasiones puntuales durante el viaje pero nunca como hoy.
Cosas que me hubiera gustado comprar pero no tenía ganas de comprar porque no tenía más ganas de regatear: pues un juego de teteras y vasos de té como los que ponen en las teterías. Había muchos juegos, así como cachimbas, rosas del desierto, túnicas y diversos tipos de té (té sí que compré).

Al acabar antes de ir a los taxis, los taxistas nos pidieron que les diéramos 1€ de propina por habernos hecho de guías por el Zoco, a lo que accedimos con gusto ya que no era mucho por guiarnos por ese laberinto de tiendecillas. Yo cuando iba a dar mi euro vi que este era de la madre patria, lo levanté y dije “¡Este es el Rey de España!”, fue una situación muy divertida.
Estábamos en el camino de vuelta con tiempo antes de que saliera el barco, tenía la postal pero no el sello para enviarla así que convencí al taxista para que me llevara a un sitio para comprar un sello y enviarlo, fuimos hasta la Goullete y en un estaco iba a comprar el sello pero había un problema allí (al contrario que en el Zoco) no aceptaban euros, pero el taxista me dio un dinar tunecino y pude comprar el sello, además me dejo la vuelta para tener un recuerdo de la moneda, el sello eran 200 milimes (la moneda fraccionaria de allí) y los 800 restantes los repartí con mis compañeras ya que me habían dado 4 monedas de 200 de vuelta. Pude echar la última postal al buzón, 5 puertos, 5 postales, misión cumplida.
El taxista nos dejó en una entrada del puerto muy extraña, tanto que era la de camiones, lo cual nos dejó un poco perplejos, pero supimos llegar al barco y descubrir un agujero de seguridad un poco grande ya que fuimos los únicos del grupo que no pasaron por la aduana, vamos que podría haber traído un alijo de quince y nadie se entera y eso que había psicosis por lo de la gallega a la que retuvieron en Méjico, que le metieron droga en la maleta… si claro, el viejo que da caramelos con droga, que hoy en día es el hombre más buscado en los institutos pero que nadie lo encuentra :D
Esta noche tenemos dos grandes citas, el Barça-Madrid, y la cena árabe. Ya he visto a algunos vestidos y vamos, que parece esto el barco de Bin Laden, yo iré con un look más bien Turco, con vaqueros (representando el lado europeo) y con la chilaba (representando el lado moruno), por supuesto, no habrá fotos :p
Mañana nos tiramos el día navegando, se agradece un poco de descanso tras tantos días de caminata.
Hasta mañana.